Hay una oración para este momento: videos de oración que te acompañan
En 2017, hubo días en los que sentía que todo a mi alrededor había cambiado al mismo tiempo. Un nuevo país. Dos niños pequeños. Trámites migratorios. La responsabilidad de comenzar otra vez mientras aprendía a desenvolverme en una vida que todavía no se sentía completamente mía.
No llegué sola ni estuve desprovista de amor. Conté con familiares que nos acompañaron durante aquella transición. Pero la red que había conocido toda mi vida —los cuatro abuelos de mis hijos, nuestros tíos, tías y primos— ya no estaba cerca. Tuve que aprender a construir una nueva red de apoyo con otros miembros de la familia, al mismo tiempo que criaba, me adaptaba y trataba de encontrar mi lugar.
En medio de todo aquello, hubo algo que me mantuvo con los pies en la tierra: la oración.
No siempre eran oraciones largas. Algunas veces no tenía palabras. Solo tenía una preocupación, un momento de silencio y la necesidad de recordar que no estaba llevando aquella vida sola.
Cuando orar no se ve como imaginábamos
Durante mucho tiempo, quizás hemos pensado que para orar necesitamos un lugar perfectamente silencioso, una mente sin distracciones y las palabras correctas. Pero la vida rara vez nos entrega esas tres cosas al mismo tiempo.
La oración puede encontrarnos mientras preparamos el desayuno, conducimos al trabajo, esperamos una llamada o nos levantamos en medio de la noche con un pensamiento que no nos deja descansar. Puede comenzar con una canción, un video, un pasaje de la Biblia o una conversación silenciosa que sucede en lo profundo del corazón.
Cuando necesito orar, muchas veces me quedo en silencio. Pongo música o un video que me ayude a aquietar la mente. Otras veces, simplemente comienzo una conversación interior con Dios. No hay una fórmula única. Lo importante es hacer espacio para reconocer que Él está allí.
Tal vez tú también has vivido uno de esos momentos.
Quieres orar, pero estás cansado. Necesitas paz, pero tus pensamientos van demasiado rápido. Sabes que necesitas dirección, aunque todavía no puedes explicar exactamente qué estás sintiendo. Quizás lo único que puedes decir es: “Señor, aquí estoy”.
Y eso también es oración.
Hay días que comienzan antes de levantarnos
Hay mañanas en las que abrimos los ojos y nuestra mente ya está repasando la lista completa: los niños, el trabajo, las cuentas, las citas, los pendientes y las conversaciones difíciles. Antes de poner los pies en el suelo, ya estamos tratando de resolver un día que todavía no ha comenzado.
En esos momentos, podemos detenernos y poner ese día en las manos de Dios.
No significa que todo será fácil. Tampoco significa que desaparecerán nuestras responsabilidades. Significa que no tenemos que comenzar confiando únicamente en nuestras propias fuerzas. Podemos pedir sabiduría para tomar decisiones, paciencia para responder con amor y serenidad para enfrentar aquello que todavía no podemos controlar.
La oración de la mañana puede ser extensa, pero también puede ser sencilla: “Dios, gracias por este día. Guíame. Cuida a mi familia. Ayúdame a reconocer tu presencia en todo lo que venga”.
Unos minutos pueden cambiar la manera en que entramos en el día. Las circunstancias quizá permanezcan iguales, pero nuestro corazón ya no las enfrenta desde el mismo lugar.
También podemos orar en medio de la noche
De noche, las preocupaciones suelen parecer más grandes. La casa está en silencio, las distracciones desaparecen y aquello que logramos mantener ocupado durante el día vuelve a pedir nuestra atención.
Puede ser una noticia, un problema familiar, una decisión pendiente o una situación para la que todavía no vemos respuesta. Miramos la hora, tratamos de volver a dormir y descubrimos que el cuerpo está cansado, pero la mente continúa despierta.
Ese momento también puede convertirse en un lugar de encuentro con Dios.
No es necesario resolver el problema antes del amanecer. Podemos entregarlo, aun cuando tengamos que volver a entregarlo varias veces. Podemos pedir descanso, protección, consuelo y la confianza necesaria para dejar en sus manos aquello que no podemos solucionar durante la madrugada.
A veces, una oración guiada o un video de fondo nos ayuda a interrumpir el ruido interior. Una voz tranquila, un pasaje bíblico y unos minutos de quietud pueden recordarnos que la noche no está vacía y que Dios no se ha alejado.
Quizás el problema siga allí por la mañana. Pero nosotros podemos levantarnos sabiendo que no lo cargamos solos.
Cómo los videos de oración pueden acompañarnos
Con el tiempo, comencé a observar algo en mi propia familia. Vi a mi esposo mirar videos de oración. También vi a otros familiares hacerlo. Algunas veces prestaban toda su atención; otras, los dejaban como fondo, en lugar de poner música.
Parecía algo sencillo, pero había paz en ello. Aquellos videos cambiaban el ambiente. Hacían espacio para palabras que edificaban, para la Escritura y para unos minutos de sosiego dentro de una vida que nunca deja de moverse.
Entonces comprendí algo importante: las personas no siempre necesitan que alguien ore en lugar de ellas. A veces necesitan compañía para comenzar. Necesitan una voz que les ayude a hacer una pausa, respirar y volver la atención hacia Dios.
Una oración en video puede acompañar al padre o la madre que se prepara para un día exigente. Puede viajar con la persona que conduce al trabajo. Puede darle un respiro a quien lleva demasiadas horas tratando de resolver un problema. Puede acompañar a alguien que se siente solo o que necesita recordar la voz de Dios en medio de muchas otras voces.
También puede permanecer suavemente en el ambiente de un hogar, con palabras apropiadas para los oídos pequeños que están escuchando, aun cuando parezca que están ocupados jugando.
Ese fue el cambio. Lo que durante años había sido un refugio personal comenzó a revelarse como una invitación para otros.
El día en que un nombre encontró su lugar
Durante mucho tiempo sentí el deseo de compartir las buenas nuevas de todas las maneras que estuvieran a mi alcance. Después de mucha oración, supe que debía comenzar un blog. Todavía necesitaba un nombre, pero no quería elegir palabras que simplemente sonaran bonitas. Quería algo que expresara el corazón de lo que estaba naciendo.
La respuesta llegó de una manera que jamás habría podido planificar.
Un día estaba jugando con mis hijos y cantando “Arroz con leche”. En medio de aquella canción infantil, una frase —“en su santo lugar”— se encendió dentro de mí. La sentí en el corazón, en la mente y en el alma.
Simplemente lo supe.
En Su Santo Lugar no nació en una reunión de estrategia ni frente a una lista de posibles nombres. Nació durante un momento cotidiano con mis hijos, después de haber orado por dirección. Para mí, fue una respuesta que llegó envuelta en la sencillez de la vida familiar.
Con el tiempo, aquel nombre dejó de representar solamente un blog. Comenzó a expresar una misión: crear un espacio donde una persona pudiera detenerse, escuchar la Palabra, encontrar esperanza y recordar que siempre puede acercarse a Dios.
Las buenas nuevas también pueden llegar a través de una pantalla
La raíz espiritual de En Su Santo Lugar se encuentra en Isaías 61:1. En la Nueva Versión Internacional leemos: “El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí”. El pasaje continúa expresando una misión de buenas noticias, libertad, restauración y consuelo para quienes sufren.
Esa misión importa especialmente en un mundo lleno de mensajes que compiten por nuestra atención. Una pantalla puede aumentar nuestra ansiedad, pero también puede convertirse en una ventana hacia algo que nos edifique. Puede distraernos durante horas o ayudarnos a detenernos durante unos minutos para escuchar la Palabra y volver a Dios.
Por eso nació el canal de YouTube En Su Santo Lugar.
Fue creado para la persona que quiere comenzar el día en oración, para quien se despierta en medio de la noche, para quien atraviesa un problema y para quien necesita hacer una pausa. También es para la persona que está agradecida, para quien busca dirección, para quien necesita fuerzas y para quien, sencillamente, desea tener algo bueno y apropiado sonando en su hogar.
No tienes que llegar con una oración preparada. No necesitas sentirte fuerte antes de acercarte. Puedes llegar cansado, preocupado, agradecido, confundido o esperanzado. Puedes escuchar en silencio hasta que las palabras comiencen a nacer dentro de ti.
La oración no siempre cambia primero las circunstancias
Sería fácil decir que después de orar todos los problemas desaparecen. Esa no ha sido mi experiencia, y probablemente tampoco sea la tuya.
La oración no siempre cambia primero lo que sucede a nuestro alrededor. Muchas veces cambia la manera en que lo atravesamos. Nos recuerda quién camina con nosotros. Nos permite entregar lo que no podemos controlar, recibir dirección para lo que sí podemos hacer y descansar cuando ya hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos.
Lo que me sostuvo mientras comenzaba nuevamente en 2017 ahora se ha convertido en una puerta abierta para alguien más. La oración que me ayudó a mantenerme firme puede acompañar a otro padre, a otro inmigrante, a otra persona que intenta reconstruir su vida o a alguien que atraviesa una batalla que nadie a su alrededor puede ver.
Esa es la transformación que deseo: no crear espectadores, sino ayudar a crear momentos de encuentro con Dios.
Si después de escuchar una oración encuentras un poco de paz, recuperas la esperanza, te sientes menos solo o puedes descansar, ese momento ya tiene valor. Si una frase te ayuda a iniciar tu propia conversación con Dios, entonces el video cumplió su propósito.
Hay una oración para este momento
No importa si estás comenzando el día o esperando que termine. No importa si vienes con gratitud, incertidumbre, cansancio o una necesidad que todavía no sabes nombrar.
No necesitas encontrar primero las palabras perfectas.
Dios no está esperando una oración perfecta; está esperando tu presencia.
Te invito a suscribirte a En Su Santo Lugar en YouTube y explorar el canal hasta encontrar la oración que necesitas hoy. Puedes escucharla con toda tu atención o dejarla acompañarte suavemente mientras preparas la mañana, conduces, descansas o cuidas de tu familia.
Sea cual sea la hora y sea cual sea la razón que te trajo hasta aquí, puedes hacer una pausa. Puedes respirar. Puedes volver a Su presencia.
Hay una oración para este momento. Comencemos juntos.




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