A nuestros hermanos en Venezuela
- Becky de Muir

- hace 1 día
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A nuestros hermanos en Venezuela:
No están solos. Estamos con ustedes, oramos por ustedes y estamos haciendo todo lo posible para que reciban la ayuda que necesitan para superar esta tragedia.
Sabemos que ninguna donación podrá reemplazar la pérdida de un ser querido, de una mascota, de un hogar o de esos lugares donde se construyeron tantos recuerdos hermosos. El dolor que hoy viven es inmenso. Sin embargo, queremos que sepan que desde muchos lugares hay personas trabajando con amor para hacerles llegar medicamentos, alimentos, agua, insumos y esperanza.
A los rescatistas, bomberos, médicos, enfermeros, personal de Protección Civil, voluntarios y a cada persona de bien que hoy dedica sus fuerzas a salvar una vida, a remover escombros, a organizar centros de ayuda, a registrar desaparecidos, a informar con los pocos recursos que tiene o simplemente a tender una mano: gracias.
Que Dios los bendiga, los fortalezca y les recompense abundantemente por cada vida que están tocando. El cielo tiene un lugar especial para quienes sirven al prójimo en medio del sufrimiento.
También queremos reconocer una realidad que merece ser conocida. Muchos de quienes hoy están en la primera línea de respuesta trabajan con recursos extremadamente limitados, y en muchos casos utilizan equipos, combustible, herramientas e insumos pagados de sus propios bolsillos. Su entrega es un verdadero acto de amor y servicio.
A las naciones que han respondido enviando equipos de rescate, personal especializado, ayuda humanitaria e insumos, nuestro más profundo agradecimiento. Venezuela recordará con honra cada gesto de solidaridad recibido en estos momentos difíciles.
Las ayudas internacionales son precisamente eso: ayuda. Cada país responde de acuerdo con sus capacidades, sus procedimientos y sus tiempos. Toda mano extendida merece gratitud.
Al mismo tiempo, es importante recordar que la responsabilidad principal de proteger, atender y asistir de manera inmediata a la población recae sobre quienes gobiernan nuestro país. Los venezolanos merecen una respuesta rápida, organizada y eficaz, especialmente en momentos de emergencia como este.
Hoy Venezuela enfrenta una tragedia causada por la fuerza de la naturaleza. Pero también enfrenta profundas debilidades acumuladas durante años: infraestructura deteriorada, escasez de recursos, falta de preparación para emergencias y enormes desafíos institucionales que hacen aún más difícil responder a una catástrofe de esta magnitud.
Muchos de los venezolanos que vivimos en el exterior anhelamos el día en que podamos regresar para abrazar nuevamente a nuestros seres queridos y contribuir a reconstruir un país lleno de oportunidades, donde las futuras generaciones puedan vivir en libertad, con seguridad, prosperidad y dignidad.
Ese es el país que soñamos. Ese es el país que nuestros hijos merecen. Y ese es el país por el que vale la pena seguir orando, trabajando y luchando, cada uno desde donde Dios nos ha permitido estar.
Mientras ese día llega, seguiremos haciendo lo que sí está en nuestras manos: orar, ayudar, donar, servir y acompañarlos.
Que Dios sostenga a Venezuela, consuele a quienes lloran, fortalezca a quienes sirven y permita que, unidos, podamos levantar nuevamente a nuestra nación.
No perdamos la esperanza. Venezuela sigue de pie porque su gente nunca deja de levantarse. 🇻🇪❤️


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